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Dice Michel Godet que la prospectiva es una reflexión para iluminar la acción presente con la luz de los futuros posibles. El interés por el futuro, por conocer lo que sucederá, ha existido siempre, al menos desde que la especie humana puebla la Tierra.

En un plano más acotado, el futuro como objeto de estudio, no tanto enfocado a la predicción sino a la exploración de alternativas de futuro, comenzó a vislumbrarse en los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo, se desarrolló en los años setenta y experimentó un fuerte impulso en los años noventa.

La exploración de alternativas posibles o incluso probables se basa en preguntarse que sucedería si cambiase alguna condición actual. Es decir, a partir de unas asunciones determinadas, normalmente la situación presente, qué trayectorias podrían desencadenarse al cambiar una o varias de las condiciones que configuran el presente.

Esta reflexión se hizo relevante al observar un proceso de cambio complejo que se aceleró en el último cuarto del siglo pasado, que sigue abierto, y que genera mucha incertidumbre en las instituciones básicas sociales, políticas y económicas. Cuanto mayor sea el grado de incertidumbre tanto mayor será la complejidad de la situación a resolver.

En situaciones simples, es decir aquellas que se caracterizan por la certeza de lo que ocurrirá, bastará con prever suficientemente las variables controladas para acertar en la estrategia a seguir. Si los eventos probablemente ocurrirán con regularidad, entonces nos podemos aproximar al conocimiento de las características del futuro con hipótesis estocásticas.

Cuando conocemos la ocurrencia de eventos pero no la secuencia en la que van a ocurrir, deberemos identificar la gama de posibles resultados.

Por fin, si la situación está absolutamente desestructurada por la altísima incertidumbre existente, tendremos que elaborar esquemas de actuación mucho más desarrollados basados en el principio de Qué pasaría si … sucede tal evento, o tales eventos …; en estos casos se requiere creatividad, innovación y preparación para las sorpresas.

Proyectar el futuro, a medio plazo al menos, es un ejercicio de inteligencia para las personas y para los pueblos, sean homogéneos o plurales. Conviene pensar el presente y planear creativamente el futuro, y para eso repasar nuestros recursos actuales y previsibles, en materia de ciencia, economía, derecho , política, ciudadanía, ética.

El futuro no está totalmente predeterminado sino que, dentro de los límites de lo posible, el futuro está abierto. Lo que suceda dependerá de muchas cosas, incluso de lo que nosotros mismos hayamos escogido hacer.

Desde este punto de vista, el futuro es un conjunto de diferentes posibilidades, contingencias, entre la certeza y la incertidumbre, limitaciones y oportunidades, unas más probables que otros.

Más adelante, hablaremos del método Delphi, el método de escenarios y el método de los árboles de decisión y los particularizaremos con ejemplos.