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Tradicionalmente, se ha considerado que el objetivo fundamental de la empresa en el mundo económico capitalista es la obtención del máximo beneficio o lucro. Este objetivo, que no es más que una falacia en sí mismo, ha recibido duras críticas.

Hoy en día, fruto de la dirección estratégica, se habla de objetivos múltiples en la empresa más que de un objetivo único y omnipotente.  Además, no debemos perder de vista que la obtención del beneficio máximo implica, en último término, la disolución de la empresa.

Ya hemos indicado que la moderna administración financiera acepta como objetivo general de la empresa la maximización del valor de la misma para sus accionistas. Esto es, la maximización del valor de mercado de sus acciones o participaciones.

Conviene tener en cuenta, no obstante, que este objetivo, para el caso de acciones  es,  obviamente, idóneo para las  empresas grandes que cotizan en bolsa  Este objetivo, para las PYMES (debemos tener presente que el sector agroalimentario y ambiental presenta bastantes empresas de este tipo) que no cotizan sus acciones (participaciones) en mercados organizados, presenta indudables dificultades de orden práctico.

En cualquier caso, aplicando el principio de maximización del valor de mercado de las acciones (participaciones) a la evaluación de inversiones y proyectos, podemos afirmar que será rentable una inversión en la medida que el beneficio de la misma sea más alto que si los accionistas (propietarios) invirtieran el dinero por su cuenta en el mercado de capitales en una empresa cuyo riesgo fuera similar al del proyecto de inversión que se está valorando.

Es obvio que los flujos de caja que origine un proyecto de inversión deberán ser descontados al coste de oportunidad del capital.  Podemos definir coste de oportunidad como el coste de no haber escogido la mejor oportunidad o alternativa.

Frente al concepto habitual de coste, como gasto o salida de caja, el coste de oportunidad implicaría un menor ingreso o entrada de caja.  Es decir, reflejaría  la rentabilidad a la que se renuncia al invertir en el proyecto en lugar de invertir en el mercado de capitales.

EJEMPLO 1.  COSTE DE OPORTUNIDAD

 Imaginemos que un agricultor dispone de 10.000 u.m.  para invertir en los siguientes 3 proyectos:

–         Proyecto A

Importe: 6.000 u.m.;  Rentabilidad esperada: 12%

–         Proyecto B

Importe: 3.000 u.m.; Rentabilidad esperada: 10%

–         Proyecto C

Importe: 1000 u.m.; Rentabilidad esperada: 7%

 Si consideramos que la rentabilidad del mercado de capitales para inversiones con riesgo similar fuera un 9%, nuestro agricultor debería realizar los proyectos A y B, mientras que los 1.000 u.m.  del proyecto C deberían de ser invertidos en el mercado de capitales o entregados a los accionistas al objeto de que pudieran invertirlos libremente en el mercado de capitales.

 Optando por el mercado de capitales se escoge la mejor oportunidad, no incurriendo por tanto en un coste de oportunidad, no dejando de ganar así un 2% (9%-7%).

La inversión debe cumplir dos condiciones previas para su realización:

Condición de economicidad o de posibilidad

 La suma de los flujos de caja (incluyendo el desembolso inicial) debe ser positiva.  Esto es, como mínimo se ha de recuperar el capital invertido.  Diremos que la inversión es viable.

• Condición de efectuabilidad o de rentabilidad financiera,

La rentabilidad debe ser superior al coste de oportunidad.  Diremos que la inversión es rentable.