Etiquetas

, ,

El otro día hablamos sobre la supuesta dieta mediterránea a propósito de la supuesta  exclusión que de la misma ha sufrido el vino… ¡Demasiados supuestos!…

Es obvio que no pueden expulsar a nadie ni a nada de algo que no existe… pero …

Hoy intentaré exponer mi punto de vista sobre varios aspectos relacionados con los supuestos beneficios que dicen que tiene el consumo moderado de vino…

Adelanto que mi premisa es que cualquier alimento tomado en cantidades moderadas y dentro de una dieta variada y equilibrada es beneficioso para nuestro organismo ya que el ser humano es carroñero como la hiena y el buitre y omnívoro como el cerdo… pero vamos POR PARTES…

El consumo moderado de vino es bueno… Eso es evidente… ya que, salvo enfermedad, eso no nos mata ni nos enferma.  Ahora bien, es falso que ese consumo moderado haya estado dentro de la dieta mediterránea (que ya sabemos que es una invención).  Es más, se toma mucho menos vino ahora que antes.

Esto tiene una explicación.  El vino era más sano que el agua ya que, al llevar alcohol etílico en su composición, no podía tener microorganismos patógenos.  No ocurría así con el agua antes de ser clorada y potabilizada.

Además, antes el vino se tomaba también por su aporte calórico.   Es inmediato que esto era muy conveniente dada la naturaleza física de muchos trabajos.

En estos días, no se toma vino por sus beneficios para la salud… Se toma vino por PLACER.  Ese es el motivo principal. Intentaré concretar el concepto.

El ser humano está caracterizado (entre otras cosas) por su permanente insatisfacción y por su capacidad para transformar el medio adaptándolo a sus necesidades.  Los conocimientos que utiliza para ello se conocen como TECNOLOGÍA.

Por ejemplo, la agricultura surge como respuesta a la necesidad de alimentos derivada del aumento del tamaño de los grupos (clanes) a finales del Paleolítico (Mesolítico).  Parece ser que hubo dos hechos que impidieron que los grupos se partiesen en unidades más pequeñas y poder seguir como cazadores.  El primero fue el cariño y los lazos que aparecieron entre ellos.  El segundo tuvo que ver con la disminución del tamaño del agujero que hay entre los huesos por donde las mujeres dan a luz.  Al ocurrir esto, las mujeres necesitan ayuda para parir.  Si varias mujeres dan a luz, el grupo debe permanecer parado un tiempo.

Al  estar en contacto con el medio sin más, hubiesen sobrevivido los mejor adaptados y éstos hubiesen transmitido sus genes.  No obstante, el ser humano no es así. No se adapta al medio.  Adapta y transforma el medio a sus necesidades.  El colchón entre el medio y el ser humano se llama cultura.  También tienen mucho que ver las actitudes cooperativas. A largo plazo, es más exitoso cooperar que competir… pero esa es otra historia.

En nuestro ejemplo, el ser humano había observado el comportamiento de las semillas, el día y la noche, las estaciones… Aplicó esos conocimientos y surgió la agricultura.

Así, el motor del progreso son las necesidades humanas.  Éstas son varias. Existen  varios modelos teóricos sobre necesidades humanas.  Basaré mi argumentación en el modelo de Maslow.  En este modelo, las necesidades más básicas tienen que ver con la supervivencia.

Ahora bien, en nuestro entorno (el que consume vino y se preocupa por la dieta mediterránea), esto está garantizado.  Si no fuera así, estaríamos buscando alimento y un lugar donde dormir en vez de discutir sobre los beneficios de uno u otro alimento.

Tendemos a comer lo que nos gusta.

Por lo tanto, no consumimos vino (ni tampoco comemos) solamente para satisfacer esas necesidades básicas.  Lo hacemos por algo más.  Como he dicho antes, en primer lugar lo hacemos por placer.  Ahora bien, el consumo de vino en nuestra sociedad se concreta a través de la satisfacción de dos grupos de necesidades más elaboradas:

–          Pertenencia al grupo,

–          Autorrealización.

Si nuestro grupo (o el grupo al que pretendemos entrar) consume vino, consumiremos vino.  Lo utilizaremos como una de tantas conductas comunes que servirán para diferenciarnos del resto.

Sin embargo, creo que es mucho más importante la segunda necesidad.  Está bien visto tomar vino.  Está incluso mejor visto saber de vinos. Es un  síntoma de éxito saber de maridajes… y es la repera ser capaz de citar añadas y bodegas… y hablar de la visita que se hizo a tal zona … y así…

Una persona que sabe de estas cosas denota que ha triunfado… que es culto… que es refinado…

En consecuencia, el consumo de vino en nuestra sociedad va asociado (y cada vez más)  a una serie de patrones que no tienen nada que ver con la salud  (no tomaríamos vino si fuese nocivo) … Tienen que ver con el placer. Es por eso que cada vez tomamos menos litros de vino por habitante pero estamos dispuestos a pagar más por esos litros.  Queremos mejor vino para disfrutar más.

Por eso es tan importante que las etiquetas de las botellas  ofrezcan información fiable y comprensible sobre el vino que llevan dentro… ¡Están prometiendo placer!…

Obtenemos placer al comer… y buscamos alimentos, comidas, condimentos que aumenten ese placer.

La salud y la dieta no tienen nada que ver…. y mucho menos la dieta mediterránea.