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Ayer por la tarde, estuvimos hablando acerca de lo que ha ocurrido con la CAM  (la Caja de Ahorros del Mediterráneo).

Me vinieron a la cabeza dos instituciones que ya han desaparecido…. Quizá una parte de lo que está pasando se deba a que hemos olvidado…lo que no debimos olvidar…

La primera institución que recordé es la del Pósito Agrícola.

En algunas ciudades de España aún quedan calles dedicadas al Pósito…por ejemplo en Almagro.  Obviamente, la mayoría de los habitantes de esos municipios no saben lo que era el Pósito.

María del Carmen Fernández Delgado y Mariano García Ruipérez en su estudio sobre “Los Pósitos Municipales y su Documentación” (M.A.P.A.-1.989) afirman que “ En la historia de nuestro país, pocas Instituciones han conseguido sobrevivir a los cambios políticos, sociales y económicos con tanto acierto como los Pósitos ….., que desde la Baja Edad Media hasta nuestros días han estado presentes en buena parte de nuestros Municipios.”

Es preciso destacar el carácter exclusivamente localista de los Pósitos, con independencia de los diferentes objetivos que, desde su nacimiento allá por el Siglo XV hasta su desaparición a finales del Siglo XX, han desempeñado.

Inicialmente los Pósitos tenían como principal objetivo lograr que la escasez del pan desapareciera y que el precio de aquél estuviera siempre por debajo de otras poblaciones cercanas.

El Pósito era una institución  de carácter municipal cuya función principal consistía en realizar préstamos de cereal a los labradores en condiciones módicas. Para ello realizaba un acopio de granos, principalmente de trigo, y los prestaba en épocas de sementera o malas cosechas, preferentemente a los labradores más necesitados. Se cobraban unos intereses que en la Edad Moderna oscilaban entre el 4,16 y el 8,33% anual.

Actuaba también como regulador de los precios, al sacar trigo de sus depósitos en época de escasez. Su importancia viene dada por ser prácticamente la única fuente de financiación local  pero su solvencia nunca fue muy saneada.

Otros Pósitos fueron creados por particulares (hermandades, obispos, parroquias,…), que se conocían con la denominación de arcas de misericordia o pósitos píos, a diferencia de los pósitos reales o concejiles.

Tenemos pues, que los Pósitos eran graneros, normalmente de trigo.  Su función principal era la de abastecer de pan al público, especialmente en las épocas de carestía y de prestar grano a los labradores, tanto para la siembra como para el consumo en los meses de mayor escasez, librándolos así de caer en las manos de la usura…

¿De qué me suena esta palabra…?

Con el préstamo, el pequeño labrador podía suplir las carencias de una mala cosecha o la compra de todo lo necesario para la próxima, o bien la compra de nuevas tierras o el sanear las rentas.

Del mismo modo, a los vecinos necesitados se les podían hacer préstamos desde mediados de abril hasta la cosecha (normalmente la cosecha terminaba a finales de  agosto).

Felipe II, en una Pragmática de 15 de Mayo de 1584 estableció la primera reglamentación oficial de estos establecimientos. Esta pragmática regulaba una serie de puntos que ya eran recogidas en muchas de las ordenanzas de los pósitos. El monarca dispuso que el dinero del pósito se guardase en un arca con tres llaves diferentes donde se metía el dinero, en poder dela Justicia, un regidor y el depositario (estos cargos eran nombrados en el tiempo en que se elegían los oficiales del Concejo) y el trigo en un depósito con dos llaves.

La Pragmática incide en la fundación de los Pósitos para garantizar el abasto del lugar y de los caminantes en los periodos críticos, pero ya señala la posibilidad de que cuando hubiere mucho trigo en los graneros (“Paneras”), para evitar que se pudriera si no se utilizaba, el Ayuntamiento podía mandar su entrega a personas abonadas con entrega de fianzas, y con el compromiso de devolverlo al Pósito a la cosecha siguiente.

También era la obligatoria llevar la contabilidad en un libro.

La existencia de una casa diputada de paneras, o casa del Pósito, está regulada de forma explícita en el punto número dos de la Pragmática.

También está prevista  la obligación de tener dos llaves diferentes, una en poder del depositario, y la otra en el regidor delegado. El Pósito no podía abrirse en horas nocturnas, ni almacenar trigo ajeno bajo pena de los responsables. En cuanto al trigo que salía y a quién se le entregaba, la Pragmática también regula la forma de hacerlo atendiendo a los intereses del pósito y de los vecinos más necesitados.

Velando también por la pervivencia del Pósito, en otro punto, la Pragmática recoge ”que no se pueda tomar dinero ninguno del pósito para necesidad que se ofrezca, ni por mandamiento de ningún Juez; y si le diere, que no sean obligados a cumplirle”. La taxatividad de esta norma residía en la tentación de las autoridades en buscar solución a los endémicos problemas de déficit económico de la administración pública en los fondos del Pósito. Algo que no bastó, pues a lo largo de su existencia los Pósitos, en general, fueron objeto de continuas exacciones, bien a modo de empréstitos obligatorios, luego no reintegrados, o tributaciones.

Algo parecido a esto me suena mucho….

En 1792 existían en España alrededor de 5.249 Pósitos municipales.

El Reglamento de 1.792 incide en la importancia del Pósito en cuanto “sus fondos en trigo y en dinero son los auxilios más necesarios para la conservación y aumento de la población, que es el nervio más principal del Estado, pues se sostiene en tiempos de calamidad y carestía de granos por medio de panadeos que corren al cargo de las Justicias y Regidores, baxo la más exacta cuenta y razón, proveyéndose no solo a los vecinos, sino también los transeuntes y tragineros que conducen géneros y bastimentos de unos pueblos a otros, y dejarían de hacerlo si les faltasen estos auxilios con grave daño público…, sirviendo igualmente dichos fondos para el fomento de la agricultura con los socorros de granos y dinero, que se hacen a los labradores en tiempos de sementera, barbechera, y otros de urgentísima necesidad, sin los cuales no podrían subsistir por ser el mayor número pobres que cultivan por arrendamiento tierras ajenas…”.

Se fija pues, como principal objetivo de los Pósitos destinar sus fondos al fomento de las sementeras y de las labores agrícolas, y así se continúa durante el Siglo XIX.

Seguía vigente la obligación de las tres llaves para el dinero y se exigen también tres llaves para el depósito de grano.

A pesar de las dificultades que tuvieron, los pósitos continuaron ejerciendo una importante labor social, así reconocida por la Corona, como lo demuestra la instrucción de 30 de mayo de 1753 para la mejor administración, distribución, reintegro y conservación de los pósitos, que ordenó su establecimiento en aquellos lugares donde no los hubiere; la cual se complementó con la de Carlos IV, en 1792, que hacía hincapié su faceta de institución crediticia para los agricultores. Pero ello no fue motivo para que sus fondos continuaran siendo utilizados para otras causas distintas, sobre todo en épocas de crisis.

Los gobiernos acudieron a sus arcas cuando les era necesario. Así, Carlos III obligó a los pósitos a tomar bonos del recién fundado Banco de San Carlos, acciones que en 1829, cuando se refundió con el de San Fernando, quedaron en 1/5 de su valor.

También Carlos IV exigió en 1799 la entrega de 1/5 de las existencias de los pósitos, para destinarla al mantenimiento de la armada y ejército .

Del mismo modo, la Guerra de la Independencia fue causa del hundimiento de muchos pósitos.

Esto también lo he visto yo en algún sitio…

Por otra parte, los años sucesivos de malas cosechas hicieron que muchos pequeños agricultores no pudiesen reintegrar los préstamos recibidos del pósito, deudas que se iban acumulando y terminaban por ser impagables, como ocurrió en 1856. El problema se solucionó mediante una ley que concedía el perdón a todos los deudores de pósito y arbitrios . La situación financiera continuó siendo semejante a lo largo de la centuria del  XIX, más aún tras la crisis de finales de siglo, debido a tres años seguidos de malas cosechas.

A finales de este siglo se quiso cobrar por vía ejecutiva los descubiertos de muchos pósitos, embargando a aquellos pequeños agricultores que no podían pagar sus deudas, lo que produjo gran malestar en la población. El Gobiermo Civil tuvo que intervenir recomendando a los Ayuntamientos “que pongan cuantos medios tengan a su alcance a fin de que los pósitos no continúen por más tiempo en el lamentable estado de abandono en que hoy por desgracia se encuentran con los cuantiosos descubiertos que resultan de granos como en metálico”, sin que sirviesen de mucho las garantías que exigía el pósito para conceder sus préstamos.

Las solicitudes eran numerosas y normalmente las peticiones superaban las existencias de la menguada caja. Las malas cosechas exigían prórrogas en el pago, que los ayuntamientos debían reconocer, como por ejemplo en 1912 y 1913 en el municipio de Pegalajar, atendiendo a “que desgraciadamente es un hecho la pérdida en absoluto del principal elemento de vida que existe en este pueblo, y a mayor abundamiento la sequía que viene reinando, la cual tiene paralizada las labores de sementera” ; por lo que en estos años, como en otras ocasiones cuando sus necesidades eran más requeridas por los pequeños y medianos campesinos, no pudo ejercer de forma satisfactoria la función social por la que fue creado.

No sé dónde está pasando algo parecido….

Obviamente, existía la trampa.  Era bastante común que algunos ganasen la voluntad de los interventores para sacar cantidades de grano con que negociar, por cuenta propia o ajena…

Esto ya lo he visto yo en alguna parte….

Otros, usaban malas artes o la intriga para conseguir entrar en el Ayuntamiento y poder así manejar los caudales del pósito durante el tiempo de su mandato y así repartir los granos y préstamos entre familiares, amigos y compradores, sin acordarse de los pobres que carecían de semillas para continuar sus labores y de dinero para comprarlas.

Esto también me recuerda algo…

Un problema era que muchos de los pequeños agricultores no inscribieron sus propiedades en el nuevo Registro de la Propiedadhuyendo de los gastos que ocasionaba tal registro. Al no hacerlo, quedaban fuera de los requisitos exigidos  y caían en manos de usureros y prestamistas que en virtud de la necesidad, subían los intereses en torno al 30%.

¿En qué estaré yo pensando?

A veces el prestamista era el propio propietario de la finca que dejaba dinero a crédito a su arrendatario.

El 23 de Enero de 1906 se creó la Delegación Regia y el Reglamento para el funcionamiento de los pósitos, pasando éstos a depender del Ministerio de Fomento.

El organismo autónomo de servicio de pósitos fue definitivamente suprimido por la Ley de Presupuestos Generales para 1985.

La Disposición Adicional decimotercera de la Ley 49/1998 de 30 de Diciembre de Presupuestos Generales del Estado para 1999 deroga definitivamente la Ley de 23 de Enero de 1906, autorizando al Ministerio de Agricultura para establecer el cauce reglamentario adecuado, por el que, en un periodo transitorio de dos años se regularice la situación de los pósitos, cuyo “Capital Paralizado” se encuentra depositado en el Banco de España.  Esta disposición dice así:

DISPOSICIÓN ADICIONAL DECIMOTERCERA. Devolución de Capital Paralizado de los Pósitos Municipales, administrado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

Quedan derogadas la Ley de 23 de enero de 1906, por la que se creó la Delegación Regia, y el Reglamento para el funcionamiento de los Pósitos contenido en el Decreto de 14 de enero de 1955, autorizándose al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación para establecer el cauce reglamentario adecuado, con el que en un período transitorio de dos años se regularice la situación de los Pósitos cuyo Capital Paralizado se encuentra depositado en el Banco de España. A este fin, podrá devolver, previa petición del Ayuntamiento afectado, el mencionado Capital Paralizado, siempre que el importe del mismo sea igual o superior a quince mil pesetas.”

Otro día hablaremos de las Cajas de Ahorros y Montes de Piedad…  ¿Se acuerdan de los Montes de Piedad?