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Reconozco que me quedé un poco parado…

 En primer lugar, no sabía por dónde salir…  No me hacía ninguna ilusión haber metido la pata.  Los que me conocen saben que soy un bocazas.  Sin duda, recordarán alguna de las escenas en las que me he visto metido por mi lenguaraz afición….  No tengo dudas de que imaginarán la situación.

En segundo lugar, no esperaba ese escenario de ninguna de las maneras.  Empezaba a interesarme el asunto…. Laura tenía novio y a Héctor le molestaba hasta el punto de buscarla por Valencia.   Tenía que hacerme el encontradizo con Vicente como fuera…

 Mi yo “científico” empezaba a  desbocarse…

Imaginaba hipótesis, formulaba escenarios….Construía escenas imposibles…

¡¡¡Necesitaba información!!!….  Técnicamente, creo que se llama “maruja” pero eso es otra historia.

 Rápidamente, le ofrecí a Héctor que se uniese a nosotros…

 –          Tómate un vino y echamos unas risas…

 Aceptó.  Era casi la hora de cenar. Tenía Casa Fila en la época unas conservas fabulosas.  Pedimos unos bocadillos de caballa, unos mejillones y unos pimientos del piquillo rellenos. Había, también, en la bodega unos barriles de vino que aún recuerdo.  Pedimos un litro de tinto.  Supongo que ese vino,hoy,  no pasaría la fase visual pero entonces nos sabía a gloria bendita.  Enseguida fueron necesarios un par de litros más.

   El vino cumplió su papel y la conversación se animó y discurrió libremente y caótica.  Las risas no tardaron en aparecer.  Yo esperaba la ocasión para derivarla al tema que me interesaba pero no había forma.  Héctor empezaba a estar a gusto y no quería hablar de eso.  Decidí no insistir.  Ya habría ocasión.  Terminamos de cenar.

 Salimos a Manuel Candela.  Decidimos acercarnos al Asesino.  No había nada.   Fuimos al Tranvía.  Allí encontramos ambiente.  Nos metimos.  Los dos amigos conocían un grupo de los que estaban allí. 

 Empezamos como cualquier noche.  Pedimos cerveza y comenzó la danza… Siempre sonrío al recordar ese tipo de comportamientos.  Años más tarde, en Inglaterra, mi tutor lo resumió en “chercher la femme”  (la frase es de Alejandro Dumas).

 Allí estábamos.  Esa noche me ocurrió una de las anécdotas más hilarantes de mi vida de estudiante.  Estaba apoyado en la pared cuando se me acercaron tres chicas.  Me besaron con una efusividad que me hizo plantearme si estaba en un bar o en un puticub.

 Una de ellas empezó la conversación:

 –          ¡Qué alegría que hayas  salido!  Estoy encantada de verte.  Tú, siempre tan serio en clase…. ¡¡Ya era hora!!

 Obviamente, me di cuenta que se equivocaba de persona.  No obstante, me pareció divertido descubrir quién era mi doble….  Me interesaba la posibilidad de que alguien con mi aspecto estuviese estudiando en Valencia.

 –          Hoy me he animado.  Mis amigos han insistido.

–          Me parece  muy bien.  Tenía ganas de verte fuera de clase.

 Volví a sonreír.  Era demasiado fácil.  Descubrí que la chica estudiaba 2º de Económicas.  No podía dejar derivar la conversación hacia temas de la Facultad… Una de dos…, o la tía era tonta o me estaba tomando el pelo…  De cualquier forma, me divertía el juego.

 Me dijo que me invitaba a otra cerveza.  Ergo, la chica era tonta….

 La conversación derivó, afortunadamente, hacia el cine.  No había visto la mayoría de las películas que ella citaba.  De todas formas, es más sencillo inventar obviedades sobre actores y películas que sobre el día a día en la Facultad de Económicas.  Otra estrategia es inventar películas y escandalizarte cuando ella te dice que no la ha visto…. Pareces un cinéfilo… ¡No falla!

 Como ya he dicho, pensaba que la chica era tonta.   Al ver que no ataba cabos, empecé a preocuparme… ¿Y si en lugar de sólo tonta estaba mal de la cabeza?…. No me hacía ninguna ilusión terminar castrado y decapitado en la bañera  de un piso de la Plaza de Honduras.

 Mis compañeros también habían tomado posiciones.  El único que parecía languidecer era Héctor.  Optamos todos, sin acordarlo, por  dejarlo mecerse en los brazos de Baco… Al rato, nos dijo que se iba a casa.

 El local iba a cerrar.  Dos de las chicas, una de ellas era mi “descubridora”, ofrecieron su piso para seguir.  Aceptamos.  Yo iba tranquilo.  En el peor de los casos, no iba a morir solo.  Era casi un consuelo.  El piso estaba encima de Público.  Llegamos en un pis – pas…  Por el camino, empezamos los arrumacos y la “danza del amor”.

 Al entrar, vimos que estaba la luz del comedor encendida.  Había al menos dos personas.   Al pasar al comedor, me quedé muerto.

 Eran Laura y Vicente…

 Mi acompañante la saludó.

 –          ¡¡¡ Mira Laura!!!  He encontrado al chico de la Facultad del que tanto te he hablado.

–          ¿Ése?, ése hace Agrícolas…. Te he dicho mil veces que no salgas sin gafas o te pongas las lentillas…

 Terminé en la calle, caminando hacia Benimaclet.  No voy a repetir lo que me dijo ella…

 No obstante, sonreí…  Había aprendido dos cosas….

 –          Nunca menosprecies a los amigos, y

 –          Si una mujer que no conoces te mira fijamente, no es que le gustes, es que es miope y se ha olvidado las gafas en casa.