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El miércoles me desperté tarde.  La noche se alargó en casa de unos amigos.  No fui a clase.  Tocaba Física y con Mortadelo (era el apodo del profesor) podía ser mortal.  No conozco a nadie que haya hecho más en contra de la divulgación de la Ciencia.

 En fin, desayuné y me fui a comprar al Mercadona de Emilio Baró.  La nevera estaba temblando y me tocaba hacer la comida…No es el momento de recordar los menús de aquella epóca…

 Por la tarde decidí dar un paseo.  Me gustaba ponerme a andar sin destino.  Creo que aún me gusta pero hace tiempo que no lo hago.

 Me encontré delante de la estatua de Atenea que hay al principio de Blasco Ibáñez.  Decidí meterme en un parque.  Tenía dos opciones: los Viveros y el Jardín de Monforte….

 Opté por los Jardines de Monforte.  Con los años me gustaría mucho ir por allí.  Su carácter intimista me relajaba. Entré en la rosaleda para sentarme en un banco a dormitar los excesos de la víspera.

 Me  di cuenta que detrás de uno de los árboles que están en la parte pegada a la clínica una pareja se hacía mimos y caricias…No presté más atención y seguí divagando.

 Estaba casi traspuesto cuando la pareja se levantó.  Era Laura con un chico.  Tenía pinta de estudiante  de  5º Derecho.  No sé la razón pero recuerdo que me lo pareció.  Iban tan acaramelados que no se dieron cuenta de que yo estaba allí.

 Salieron del Jardín cogidos de la mano… Pensé que esa había sido la presa de la víspera.  Me equivocaba aunque eso lo descubrí más tarde.

 Al rato, yo también decidí salir de allí.  Me puse a caminar hacía Benimaclet.  Eran casi las siete. Era la hora de tomar un vino en la bodega que había al lado del Mercadona.

 Sin embargo, mis pasos me llevaron hacia Manuel Candela.  Supongo que la avenida me atrajo más.  Quizá me puse a seguir a una mujer.  No lo sé…

 Me vi a las puertas de la Bodega “El Labrador”, también conocida como Casa Fila.  Allí siempre había alguien conocido.  Efectivamente, me encontré con un par de amigos y nos pedimos unos vinos.

 Mi sorpresa fue ver que al fondo (en la parte que da a la plaza Cedro) estaba Laura con su pichón….

 La saludé al ir al aseo.  Me dijo “Hola” y miró hacia otro lado…  Sonreí… Me gustan las mujeres que son capaces de mostrar asco….por nada y gratuitamente. Las prefiero a las excesivamente “efusivas”… Eso es otra historia.

 Volví a la barra y seguí hablando y bebiendo con los dos amigos.  Laura y el amigo ya se habían ido.

 Al poco, entró Héctor…. visiblemente afectado.  Al verme, me saludó con la mano.  Era evidente que buscaba a alguien…

 No encontró lo que buscaba y se acercó.  Sin rodeos me preguntó si yo la había visto.  Le pregunté que a quién…  

Con cara de enfando me dijo que a Laura.   Le contesté que sí.

 –          ¿Iba con alguien?

 Asentí.

 –          ¿Un tío?

–          Si.

 Puso una cara mezcla de rabia y pena….

 Con la delicadeza que me caracteriza, le dije:

 –          Tranquilo, otro día te tocará a ti….

 Me miró y dijo:

 –          Imbécil, …. es su novio.  Entró ayer de repente en el Andén.