Etiquetas

,

Hoy es miércoles.  Este curso, miércoles, jueves y viernes, Maricen entra a las ocho al instituto. 

Por lo tanto, yo preparo el desayuno de María y Samuel.  Lunes y martes lo hace ella.  Ella es capaz de montar una fiesta con eso y los niños están encantados.  No les cuento lo que organiza el fin de semana.  Las risas de los niños son continuas.

Volvamos al tema.  Hoy, su madre hace media hora que se ha ido.  Ellos amanecen, normalmente, sobre las ocho menos cuarto.  A veces se duermen o remolonean en la cama, pero no es lo normal.  Entonces aparecen… andando despacio, bostezando, …

Debo pedirles un beso… Es parte del ritual… Me lo dan…

Encienden el televisor, enternamnente sintonizado a un canal  infantil (Clan) y se tumban en el sofá…

Entonces les pregunto por el desayuno… María siempre dice lo mismo…”calentita y sin nada”.  Samuel en cambio prefiere  “caliente y con Cola Cao”.

Voy a la cocina y lo preparo.  Les llamo.  “¡¡A desayunar!!”…

Vienen quejándose…

–  María no ha apagado la tele.

– Le toca a Samuel.

– ¡Mentira!

– ¡Verdad!

– Ayer la apagué yo.

– ¡No!

– ¡Si!

Vamos los tres a apagar la tele. Vuelven a sentarse en la mesa de la cocina.  María me dice:

– Papi, quiero galletas…

Abro el armario y busco.  Hay un paquete de galletas bañadas en chocolate blanco.  Al verlas exclama:

– ¡¡¡Ésas!!!

Samuel, obviamente dice:

–  ¡Ésas no!

Son paquetes individuales.  Le doy a María las de chocolate blanco y a Samuel otras con chocolate con leche.  María las devora literalmente, se bebe la leche de un trago y va a vestirse.

Samuel gusta de la parsimonia.  Parte la galleta en dos, moja la punta de un trozo en la leche con Cola Cao.  Muerde. Saborea. Me mira.  Sonríe…

– Samuel, date prisa que tenemos que ir al cole….

– Vale.

Sigue con la ceremonia.  Vuelve  a mojar y a saborear…  Me mira de reojo y vuelve a sonreir.

– ¡¡¡¡Samuel!!!!

– Valeeeeeeeeeee…

Ahora le toca el turno a la segunda galleta.  Del calor de las manos de Samuel y de la leche, la cobertura de chocolate  de la galleta se ha derretido parcialmente.  Una parte de esa cobertura ha ido a parar a las manos de Samuel.  Otra parte está desparramada por su cara.

Me mira y sonríe.  Me enseña la mano.

–  Mira, papiiiii….

Ahora sonrío yo.  Le digo.

– Tómate la leche.

–  Quiero una pajita….

–  Venga, que hoy te vas de excursión….

– ¡¡¡Si!!!.  Hay tirolinas.  Vamos en autobús….

Se emociona contando lo que va a hacer, que si su señorita ha dicho no sé qué….

– Pues date prisa que el autobús se va.

Se bebe la leche de un trago y sale disparado.

– ¡¡¡Samuel!!!

– ¿Qué?

– ¡¡Lávate las manos y la cara!!

Vuelve a sonreir y se chupa los dedos.

– ¡¡Así no!!

Se ríe.

No es un desayuno con diamantes…¡¡ni falta que hace!!

http://www.youtube.com/watch?v=BOByH_iOn88