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Ya hace buen tiempo.  Siempre he dicho que los mejores meses en Orihuela son marzo, abril  y mayo.  La humedad de la vega hace que los meses anteriores sean desagradables, especialmente cuando cae el sol.  Es cierto, sin embargo, que los meses posteriores son peores por el calor (junio, julio, agosto y septiembre).

En cualquier caso, ha llegado el buen tiempo…

Los niños salen corriendo del colegio hacia el parque.  Tenemos que hacer malabarismos para que cojan la merienda.

El parque ocupa toda una manzana. Además de árboles y bancos, tiene varias partes diferenciadas.  Están los columpios que, irremediablemente, son ocupados día tras día por las madres con niños más pequeños.

Hay otra zona con un campo de baloncesto.  No creo descubrir nada si digo que cada día se juega a algo distinto y que lo más normal es que no se practique el deporte para el que se pensó esa cancha.

Al lado hay un espacio con tierra.  Está esa tierra muy compactada.  Los niños disfrutan con el buen tiempo jugando a crear ríos.  Cavan y cavan con las manos o con palos.  Luego, traen, con botellas o bolsas de plástico, el agua de la fuente que ocupa el espacio central del parque.  Vierten el agua desde el extremo superior de la canalización que han construido. Se forman barrizales tremendos con el consiguiente horror de las mamás y deleite de los  niños.

En el extremo de ese pedazo de tierra hay unos tubos.  A los niños, especialmente a los más pequeños, les gusta meterse por ellos.  De nuevo, cunde el horro entre las mamás que se empeñan en que los niños salgan del parque igual de limpios que entraron.

Al lado de los tubos,  está lo que menos me gusta.  Son un montón de rocas dispuestas para hacer bici – cross (o como quiera que se llame).  María se ha hecho heridas un par de veces allí.  Siempre me he preguntado para que lo mantienen si nadie va a hacer bicicleta y para lo único que sirve es para que los niños se hagan daño….

Todos los días, al llegar, Samuel se precipita hacia la “olla”. Está al lado de una construcción que fue pensada para hacer escalada…

 La “olla” es un espacio que fue diseñado para patinar… pero, de nuevo, los niños lo utilizan para otras cosas…

María, en cambio, prefiere sentarse y terminar de merendar.  Luego, busca a sus amigas y amigos y juegan al escondite o a pillar o ….  

Lo normal es que los niños jueguen y los padres se sienten en un banco.  Así un día y otro día, y…a esperar a que caiga el sol y sea la hora de volver a casa para bañar a los niños.

Obviamente, los más grandes tienen deberes.  Eso acorta su estancia en el parque.  Paralelamente, aumenta su indignación…

– ¡¡¡¡Samuel se queda y yo me tengo que ir!!!!

– Tienes que hacer los deberes.

– ¡¡No es justo!!

– Él es pequeño, cuando tú eras pequeña también te quedabas toda la tarde.

-¡¡Yo quiero volver a ser pequeña!!

Hay papás que comen pipas, hay mamás que ojean las ofertas del supermercado. Hay mucha conversación sobre los temas más inverosímiles….

El sol ya aprieta.  Los padres buscamos los bancos con sombra pero que a la vez ocupen una posición central para poder controlar a los niños….

No lo he dicho pero existe una ley física por la que si usted se sienta en una esquina del parque, su hijo se empeñará en jugar en la otra punta del mismo.  Por acción – reacción, si usted se desplaza hacia la esquina que, libremente, ha elegido su hijo, éste se desplazará en cuestión de segundos a la esquina en la que usted estaba antes….y así tendiendo n al infinito siendo n el número de veces que se repita la acción.

Hoy me he sentado.  Esperaba pasar una tarde tranquila.  Ya pensaba yo en la cerveza que me iba a tomar después de la sesión de parque…Otro día les contaré lo que supone tomar una cerveza en una terraza mientras ellos toman un refresco.

Nada más lejos de la realidad….

Samuel aparece llorando…

– ¡He perdido el escorpión azul!

– ¿Dónde estabas cuando lo tenías?

– En la olla.

– En la olla debe estar.

– No está.

– ¿Has mirado?

– Si.

– Vuelve a mirar.

Se va y ya no vuelve.  El escorpión azul estaba en la olla.

Viene María.

-¡Saad y Kevin no me dejan jugar!

– Diles que vengan.

Vienen

-¿Qué pasa?

-¡Nada!, los dos al unísono.

– María dice que no la dejáis jugar.

– ¡Vale, María juega con nosotros!

Vuelve Samuel.

-¿Y Mamá?

– Ahora viene.

-¡Yo quiero que venga Mamá!

Se va.  Pasa un buen rato.

Viene María llorando.  Se ha partido un poco el labio jugando.  La llevo al bar de la esquina y pedimos un cubito.  Se lo pone en el labio. El frescor la alivia y deja de llorar.  Me da un beso y se va corriendo….  Me gusta esa capacidad de recuperación… No me gusta ver a mi niña de rojo…

http://www.youtube.com/watch?v=I2BVWCMFMn0&feature=related