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Me he desvelado.

Ella duerme a mi lado.  Su respiración siempre me recuerda el sonido de las olas del mar.

Me levanto.

Voy al cuarto de los niños.  Están dormidos.  También les oigo respirar.  Escucho.  Es curioso, no suena como la respiración de su madre.  De hecho, cada uno de ellos respira de forma distinta.  Me tranquiliza escuchar ese sonido.

Pienso en la paz que me inspiran ahora y el follón que pueden llegar a armar cuando están despiertos. Sonrío.

Voy al comedor.  Cojo un libro. Se titula “Las aventruas del buen soldado Svejk”. Está escrito por Jaroslav Hasek. Lo he leído tres veces y me gusta mucho.  Es un libro muy irónico.  Narra las aventuras de un idiota empeñado en ir al frente de batalla durante la Primera Guerra Mundial.  Además, esta edición lleva las ilustraciones de Josef Lada. Empiezo a leer.

No llevo ni una página y lo dejo.  Vuelvo a pensar en las respiraciones.  No había caído en lo que me tranquiliza oír respirar a mis hijos.

Presto atención.  Se oye a María desde el comedor.  De repente, Samuel da un suspiro.

Vuelvo a la habitación de los niños.  Me siento en el borde de la cama de María.  La miro.  Tiene la frente y los ojos de su madre.  Se le parece  mucho cuando duerme.  Me sorprendo pensando en en el día en que nació.  La enfermera me la dejó en una camita mientras arreglaban a su madre.  Recuerdo que me dijo “No le quite ojo”.  No pude dejar de mirarla.  Ahora tampoco.

María duerme de lado.  Está abrazada a un cojín.

Miro a Samuel.  Él duerme boca arriba y con los brazos abiertos.  Se ha destapado.  Lo tapo.  Hace un ruido como de protesta.  Se da la vuelta y sigue durmiendo.

Debería irme a la cama.  No quiero….

http://www.youtube.com/watch?v=I1waQ_xymyI