Etiquetas

, , , , ,

Pasamos el fin de semana en el Mas de Montserrat. Ya he hablado de este sitio y lo vuelvo a recomendar vehementemente. ¡¡Excelentes habitaciones, mejor comida, trato inmejorable, un entorno que no somos conscientes de lo que supone,…!!

Estuvimos mi hermano, su mujer, su hija, mi mujer, Samuel, María y yo.

Elegimos ese fin de semana porque pensábamos que las lluvias de febrero y principios de marzo nos permitirían disfrutar del comienzo de la primavera.  Nos equivocamos.  Las lluvias se retrasaron este año.  Tampoco fue un problema.  Pudimos contemplar los árboles anticipando el buen tiempo con las yemas hinchadas.  Además, pasear por los caminos oliendo a tierra mojada tampoco estuvo mal.  Otro placer inesperado fueron esos tonos que  la luz del sol sólo brinda al empezar la primavera en nuestras tierras y que sólo se aprecia si has pasado una primavera fuera de aquí.

El domingo por la mañana nos levantamos y salimos a caminar por los alrededores del Mas para estirar un poco las piernas y hacer sitio para la comida.

Al poco de salir, es decir tras dar dos pasos, María ya se estaba quejando e intentaba conspirar para que alguno de nosotros aceptase regresar al Mas con ella.  Al comprobar que no lo iba a conseguir, empezó con su habitual retahíla de lindezas. “Es el peor día de mi vida”, “Me queréis matar”, “Sois los peores padres del mundo”, “Me quiero ir a casa”, “Qué sitio tan feo”,…Esta vez se le pasó antes de lo esperado, sin duda gracias a los juegos que Nerea y Samuel iban inventándose y proponiendo.  A María le gusta hacer de prima mayor de Nerea.  Creo que eso ayudó a que se reconciliase con el mundo antes.

Al poco de salir del Mas, mi hermano encontró pisadas de jabalí en un bancal recién labrado.  Los tres niños se dedicaron a seguir las huellas entre gritos.  Las huellas se perdían en una pinada un poco más adelante. Después, descubrieron un ciempiés cruzando el camino.  Le siguieron hasta que el pobre bicho consiguió zafarse de ellos metiéndose en unas hierbas.  Samuel encontró un caracol.  Le puso nombre: Manuel.  Ya no lo soltó en toda la mañana.

Caminando, nos encontramos ante una gran casa de campo (de la muchas que hay por allí) con  capilla dedicada a la Inmaculada.  Sin embargo, pone que está dedicada a la Virgen de les Alcusses.  Unos vándalos habían intentado arrancar unos azulejos alegóricos a esta virgen que hay al lado de la puerta de esa capilla.  Consiguieron arrancar el primero, pero el segundo se les rompió.  Desistieron de su empresa dejando el conjunto destrozado.  ¡¡¡Hay imbéciles por todas partes!!!.

La vista desde la casa hacía el valle dejando a la izquierda el albergue y la Serra Grossa enfrente merece mucho la pena.

Desde allí nos fuimos hacía un paraje conocido como “El Altet de Garrido”.  Nos salió al paso una bandada de perdices.  Esto acabó de sorprender a los niños. 

Samuel (siempre lo hace) y Nerea iban recogiendo flores para sus madres.

Desde el Altet de Garrido se puede contemplar la parte que mira hacia la autovía.  Tiene otro aire.  Se adivina la Canal de Navarrés enfrente. 

Ya nos encaminamos de vuelta al Más para comer y hacer las maletas.  Teníamos que irnos, aunque de estos sitios uno sólo puede irse por la puerta de atrás….

http://www.youtube.com/watch?v=-CcyLGh4Whw