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Leo en El Pais hoy  un interesante artículo de Miguel Olivares que es, según una amiga, uno de los mejores periodistas hoy por hoy, (edición de la Comunidad Valenciana):

“La exportación de naranjas valencianas desde finales del siglo XIX generó una acumulación significativa de capital capaz de impulsar la primera industria moderna sobre el territorio. A principios del siglo XXI y en plena crisis financiera internacional, la producción agrícola de la Comunidad Valenciana mantiene una pujanza envidiable en relación con otros sectores económicos y arrastra importantes innovaciones tecnológicas para garantizar la calidad de los productos.

En 2000, las exportaciones de frutas y legumbres valencianas generaron unos ingresos que rozaban los 2.400 millones de euros. Los ingresos por ventas de automóviles y motos fueron el mismo año de 2.421. Los pavimentos cerámicos ya ocupaban entonces la tercera posición por volumen de ingresos, 1.823 millones de euros. Y el calzado generaba 1.474 millones y mantenía una holgada cuarta posición entre los sectores más exportadores (ver gráfico).

Los datos del cierre de 2010 sitúan las ventas de automóviles en 2.400 millones de euros, lo mismo que en 2000. Pero las exportaciones de frutas y legumbres han crecido de forma sostenida a lo largo de toda la pasada década hasta 3.372 millones de euros. Los pavimentos cerámicos se mantienen como tercer sector exportador mientras que las ventas de calzado se han desplomados desde 2002.

¿Constituyen las exportaciones un indicador fiable de la pujanza de los sectores económicos? ¿Vuelve a ser agrícola la Comunidad Valenciana?

Jordi Palafox, catedrático de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad de Valencia, comenta a vuelapluma: “La evolución de las exportaciones resulta sugestiva porque es un buen indicador de la brutal reducción de la capacidad exportadora de algunas de las industrias más emblemáticas de la economía valenciana, sin que se entrevea qué sectores puede sustituirlos de forma que se asegure el aumento del producto y el bienestar de los valencianos”.

Andrés García Reche, profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Valencia recuerda que la economía mundial sufre una crisis sin precedentes que afecta a todo el comercio internacional a partir de 2006 y que influye también sobre las exportaciones valencianas de coches o pavimentos cerámicos. “Lo que está pasando con el calzado, sin embargo, no tiene mucha relación con la crisis”, apunta García Reche, “en millones de pares importamos cuatro veces lo que exportamos, y en valor, la balanza es negativa por primera vez en la historia desde hace un año. El proceso viene agudizándose desde el año 2000, aún así, habría que ver cuantos de estos zapatos que se importan provienen de empresas españolas que luego los comercializan”.

Frente a los vaivenes que la crisis impone a ciertos sectores, las exportaciones de frutas y legumbres crecen de forma sostenida. Y no por casualidad.

Sebastián Subirats, director de Ainia, el instituto tecnológico de la industria agroalimentaria, explica que “el mercado alimentario es muy estable porque comemos todos los días”. Con la misma lógica aplastante señala: “Los alemanes nos comprarán algún coche, no muchos, pero lo que no tienen son tomates y berenjenas, y nosotros estamos en una posición privilegiada”.

Más allá de las evidencias, Subirats explica que los productos agrícolas valencianos siguen siendo competitivos porque han incorporado toda una serie de mejoras tecnológicas encaminadas a garantizar su “seguridad, la comodidad del cliente y la adaptación al mercado”.

Resulta chocante asociar tecnología con melocotones, pero ese es precisamente el caso. Subirats explica: “Conseguir que un zumo fresco, que mantiene sus condiciones ideales de consumo durante diez días, esté en Londres en 24 horas implica toda una cadena de valor. No podemos competir con los zumos concentrados que vienen de Brasil, pero nos dirigimos a otro segmento de mercado, con otros precios y satisfacemos otra demanda”. La localización de ese mercado potencial de consumidores de zumos frescos, mucho más caros que los concentrados, también lleva aparejado todo un aparato de prospección y estudio de mercados.

La incorporación de la más pura tecnología al tratamiento de las naranjas es muy ilustrativo. “Nos compran a nosotros y no a Israel o a Marruecos, porque ofrecemos la calidad que pide el mercado. Hace 20 años, los almacenes de naranjas estaban repletos de mujeres que limpiaban y clasificaban los frutos por tamaños y calidad con todos los errores que lleva aparejado el tratamiento manual. Hoy disponemos de sistemas de control por visión artificial que son capaces de detectar incluso los problemas internos del fruto que escapan al ojo humano o al tacto”.

Los frutos se clasifican automáticamente por tamaños y colores. Los mismos tratamientos se pueden aplicar a guisantes o aceitunas. Y reducen de forma determinante las mermas durante el transporte o en destino.

Subirats también subraya la importancia creciente de los productos de cuarta gama, los productos frescos tratados en frío y empaquetados con nuevos materiales que garantizan su conservación, como las bolsas de ensaladas variadas, espinacas o frutas. “La cuarta gama tiene un éxito tremendo en Alemania”, sentencia Subirats.

La locomotora Mercadona tiene mucho que ver con las innovaciones en el tratamiento de la producción agrícola. Un proveedor exclusivo de la cadena de supermercados de Juan Roig, el Grupo Verdifresh, se ha consolidado como productor de la mitad de los productos de cuarta gama que se venden en España, con un crecimiento su facturación del 8% en 2010 y una previsión similar para 2011.

Anecoop, una gigantesca cooperativa de segundo grado, destina importantes esfuerzos a la investigación de nuevas variedades de frutas y hortalizas para alargar la temporada. Una de sus firmas ha logrado producir sandías sin pepitas. Ya es posible comprar rodajas de sandía cortadas y sin pepitas. Ahora concentra sus esfuerzos en ensaladas de frutas de cuarta gama. De momento elabora tres combinaciones al año, siempre con frutas de temporada. Aunque, por ahora, sólo se destinan al mercado nacional porque tienen una vida de entre siete y nueve días.

El director de Ainia también destaca: “Los españoles nos cuidamos, somos consumidores muy exigentes en materia de alimentos, no hay más que comparar la cocina española con la cocina británica o alemana…”. Y ese paladar es un pilar fundamental para asentar una pujante industria agroalimentaria.”

¿Esto que es? ¿Somos un territorio agrícola?…¿Es agricultura o alimentación? ¿Estaremos mudando de verdad, por fín, hacia un sector alimentario?

Faltan datos: empleo, valor añadido, porcentaje en el PIB…

Pero merece una reflexión.